jueves, 5 de abril de 2012

La ausencia de Él.

Ella se había acostumbrado a estar con Él fuera como fuese era así y ahora que este estaba lejos se sentía inevitablemente sola; en el sentido de que la casa se le hacía grande, las mañanas largas y los días tristes y aburridos. En esos momentos de eterno aburrimiento es cuando se dedicaba a pintar y muchas otras veces a escribir, redactar miles de textos, historias y poemas que posiblemente nunca viesen la luz. Otras tantas mañanas  le había entrado la absurda manía de ser una maniática del orden, algo que jamás había sido. Sin duda era la horrible monotonía, extraña para ser Ella. Desde que Él se tuvo que marchar sus días se tornaron grises y esa enorme sonrisa que la caracterizada había sido sustituida por una mueca de aburrimiento. Tan solo la quedaba su pequeña gatita de ojos verdes, pero esa como Ella iba a su bola, pasota como su ama no se daba cuenta de esa extraña tristeza que ahora la caracterizaba, pensaba muchas veces que mejor hubiese sido comprarse un perro aunque sabía que le había cogido un enorme cariño a ese felino que tanto se le asemejaba.

Los meses habían pasado y cada vez era más dura la ausencia. Echaba de menos las eternas conversaciones, las caricias, los abrazos en el sofá y sobre todo los besos robados. Le parecía raro no escuchar sus bufidos cuando se le metía entre ceja y ceja algo, escuchar sus mil y un te quieros día y noche es lo que más la gustaba. Y esto último es cierto que lo hacía, pero por un teléfono no es lo mismo que cuando ves a la persona que quieres a tu lado.

Ella se había dado cuenta de que Él desde hace mucho tiempo era una importante pieza de esa extraña vida suya, y de que si Él no estaba se le hacían más aburridos y vacíos cada uno de los días que pasaban.
Un vuelve pronto es lo que pensaba todas y cada una de las noches al acostarse.

1 comentario:

Pain and suffering dijo...

Que triste... he vivido algo parecido y es muy doloroso...
Un beso y gracias por pasarte por mi blog :)