martes, 7 de julio de 2015

Quando dico che ti amo

Han pasado meses sin vernos desde aquel verano de hace casi dos años ya tan lejano.  Aquel verano en el que nos conocimos en la Piazza de San Marcos por casualidad, como dos turistas más. 

Nuestro encuentro fue gracioso, una situación divertida, en la que aquel día, estábamos tan despistados que nos chocamos, por ir como dirían algunos sin cuidado. 

Esa primera vez que nos encontramos, me enamoré de ti. Sí, sé que puede sonar raro, pero podría decirse que lo nuestro fue amor a primera vista. 
Compartimos días juntos hablando, conociéndonos, haciendo turismo, llegando a fantasear de nuestro futuro… 
Realmente después de todo fue una sorpresa saber que éramos del mismo país. 

El día en que me besaste fue especial, mágico; ¿te acuerdas? Yo con gran nitidez
Gianni Berengo Gardin
 Piazza San Marco, Venezia, 1959
aun recreo ese momento en el que íbamos en góndola por los canales. Éramos dos adolescentes con las hormonas revolucionadas, yo había venido con mis amigas de viaje y tú con tus padres y tu hermana, recuerdo esa sonrisa que os caracterizaba. Pase momentos únicos, es más, deje a mis amigas un tanto tiradas, pero no me arrepiento porque fue el mejor verano de mi vida.
 

Recuerdo el día en que decidimos ir todos juntos a ese baile de máscaras. No me olvido de tu cara de desconcierto al no encontrarme y cuando lo lograste sonreí al ver esa cara extraña que pusiste de vencedor. Me dijiste que estaba preciosa, y era cierto aún tengo esa mascara de plumas que me compre la tarde anterior. 


Me encantó nuestra extraña batalla por el helado el día que volvimos a la Piazza San Marco, parecíamos dos críos, y bueno de alguna manera lo éramos, sin duda. 

Y cuando fuimos a Burano, los dos solos recorriendo esas calles en aquel día tan caluroso, haciéndonos fotos como tontos en esas casitas de colores tan llamativas. 
El colgante, ese colgante de cristal de Murano en forma de corazón que me regalaste, son tantos recuerdos… 
El día en que llegó la hora de irse fue insoportable, no era capaz. Al final nos despedimos con la promesa de volver a vernos y de volver a visitar Venecia una vez más. 

Los meses fueron duros, de alguna manera, insoportables quizás. Hacia mi vida como cualquier chica de mi edad, sin embargo te echaba demasiado de menos. Recibía tus mensajes y llamadas e incluso recuerdo nuestras largas conversaciones vía email, pero tenía el presentimiento de que esto duraría poco más. 


Y así fue, llegó un momento en el que nos olvidamos el uno del otro y encerramos nuestros sentimientos de aquel verano, que hoy parece ya tan lejano. ¿Por qué? Siempre me lo he preguntado, pero no he encontrado respuesta alguna. 


Han pasado dos años y me sigo acordando perfectamente de ti, de tus ojos, tu sonrisa, la forma tan tierna que tenías de mirarme y esa forma tuya de hablar. Mentiría si te dijese que no intente rehacer mi vida, he tenido novios, pero ninguno ha podido ocupar tu lugar. 

Quizá ahora no pienses como antes, pero yo sí, creo en el destino y de vez en cuando con ojos soñadores pienso en que eras mi príncipe azul. Suena cursi e infantil, pero de vez en cuando vuelvo a ser aquella niña de quince años de aquel verano. 

Me intriga saber que habrá sido de tu vida, si solo fui un amor de verano cualquiera, pasajero y que por eso te olvidaste de mí y ya ni me recuerdas. Seguramente no lo averiguaré nunca, es un poco imposible, lo sé. 

Hoy he vuelto a Venecia, no para rememorar aquel verano, ya no. Sería demasiado triste y un tanto penoso por mi parte. Me encantaría que supieras que estoy aquí, en nuestra querida Venecia estudiando Historia, como te dije aquel verano; me dieron una beca y puede ser masoquista pero elegí esta universidad por mí. Quizás estando en el lugar en el que todo empezó podré intentar olvidarte, aunque aún me es imposible. 

Han pasado dos años y quizá va siendo hora de pasar página y cerrar capítulo, nuestro capítulo. Hoy paseo sola por esta plaza llena de personas, cada una con sus aventuras y adversidades, pensando como yo en sus cosas… pero me siento sola recordando nuestro primer encuentro. Es gracioso ver  como al final hay tantos deseos sin cumplir, será porque la gente madura y decide mirar hacia el horizonte, hacia ese futuro que se nos está por descubrir. 

Se nota que ya es otoño, esta ciudad es muy diferente en esta época del año, un tanto triste quizá; además las inundaciones no ayudan mucho que digamos, sin dudarlo odio esta época del año, prefiero el calor aunque no me quejo de estar donde estoy. Este siempre me ha parecido un lugar increíble en el que cada día descubres algo nuevo. 

Paseo por la plaza ensimismada en mis pensamientos, tan encerrada en mi misma que cuando me choco con alguien ya es demasiado tarde y estoy en el suelo, ese ‘alguien’ me tiende la mano y yo la acepto sin reparo, es cuando le miro a la cara, a sus ojos cuando no logro creer lo que veo, es… es… eres tú. 
-¿Alex?-pregunto con voz incrédula, es imposible, habrá sido el golpe. 
-¿Natalia?-me pregunta con el mismo tono de voz. 

Le miro a la cara, a esos profundos ojos azules imperturbables pero que todo lo dicen, y se con certeza que no me ha olvidado. Le abrazo, los ojos se me empañan de lágrimas que no logro controlar, esto es como un sueño, una película, algo que no puede ser real. 
-No llores princesa-dice apartándome el pelo de la cara y secándome las lágrimas- no te he logrado olvidar y creo que tú a mi tampoco. 
-Al final cumplimos la promesa-digo sonriendo. 
-Quizá demasiado tarde-me dice él apenado. 
-Nunca es demasiado tarde-le digo cogiéndole de la cara para que me mire. 
-Créeme si te digo que te quiero-me dice mirándome fijamente. 
-Te creo, nunca perdí la esperanza pensando que sería mentira-le digo abrazándole. 

Me besó, fue nuestro momento, ahora sabía con certeza que se había cerrado un capítulo de “nuestra” vida, pero que se acababa de abrir otro nuevo. Nuestra historia aún no se había acabado, faltaban un millón de cosas por contar. 
-Te quiero-le digo dulcemente. 
-No te imaginas el tiempo que llevaba esperando oírte decir eso-dice mientras me abraza. 

Ahora sé que el destino te hace dar vueltas. Te hace pasar por momentos felices y luego te los arranca; pero también te trae sorpresas. Alex y yo tenemos muchas cosas de las que hablar, pero es demasiado pronto todavía. De una cosa me he dado cuenta, hay que vivir el momento como si fuese tu último día, y no hay que preocuparse antes de tiempo, sino nunca se es feliz. 

Venecia, mí adorada Venecia; la ciudad que nos unió, ciudad de idas y venidas y de tantas emociones. 
Ciudad mágica con sus preciosos canales y por su amable gente. 
Ciudad de enamorados, turistas y algún que otro fracasado. 
Ciudad de historias, de miles de historias. 
Ciudad viva y cuidad dormida. 
Esta preciosa ciudad, nuestra ciudad, Venecia es testigo de toda nuestra hermosa historia, como lo es de un millón más. 

Y de una cosa estoy realmente segura, en esta ciudad te he querido, te quiero y te querré.



Este es un relato que escribí hace ya varios años y lo he rescatado hace muy poco tiempo, le he dado algunas pinceladas y ha sufrido algún que otro cambio aunque la esencia de la historia permanece. Hace tiempo que no consigo escribir algo que me convenza, así que hasta que la inspiración decida volver de vacaciones los relatos que subiré llevan escritos hace ya bastante tiempo, no obstante espero que disfrutéis con ellos y que logren gustaros tanto como a mi escribirlos. 
Un besito, nos leemos muy pronto.
Noni

Carpe diem

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